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Entrevistamos a Abel Mostaza, joven músico de la Cistérniga integrante de el Septeto “Drum & Brass”, la Banda de Cornetas y Tambores “Nuestra Señora de la Esperanza” de Valladolid y la Banda Municipal de Música de La Cistérniga.

Esta es la primera de una serie de entrevistas que realizaremos a músicos, bandas e intérpretes de La Cistérniga.

Os dejamos con lo que nos contestó Abel, que pese a su juventud nos ha contado unas historias muy interesantes
(1 de septiembre de 2015).

Manuel Doval- Lo primero presentarte, ¿quién es Abel Mostaza?

Abel Mostaza- Pues “SER”, lo que es “SER”, creo que no soy nadie y dudo mucho que pueda serlo algún día; de hecho el motivo de tu entrevista es para mí un misterio y quizá algo presuntuoso con todos los grandes músicos que hay en el municipio, empezando por todos los que conformamos  la banda o la escuela municipal de música (al lado de muchos yo sólo soy un “cateto musical”). Yo soy un simple chico  al que desde pequeño su madre ponía música de todo tipo, desde clásica hasta la música pop y rock de los 70 y 80 que ella vivió, así que supongo que soy (tal y como me defino en las redes sociales) un joven amante pero ignorante de la filosofía y de la estética, de las artes en general  y de la música en particular, siempre con ansias de saber más y más hasta el punto de no dormir por las noches si no ha encontrado respuesta a los interrogantes de ese día. Soy, como diría Aristóteles, un músico y musicólogo (que no es lo mismo) “en potencia” infinita.


M.D.- En la actualidad militas en tres formaciones con la tuba: en el Septeto “Drum & Brass”, en la Banda de Cornetas y Tambores “Nuestra Señora de la Esperanza” de Valladolid y en la Banda Municipal de Música de La Cistérniga, ¿qué nos puedes decir, en pocas palabras, de cada una de ellas?

A.M.-En pocas palabras... eso es difícil con lo que las quiero y lo que han marcado en mí. Si me lo permites contestaré comenzando por la que fue la primera, la Banda Municipal de Música de La Cistérniga. Es en ella donde comienzo mi andadura con el gran (y se me queda corto este adjetivo) músico D. Ángel Fernández, quien fue mi profesor de piano en la escuela municipal y me inculcó esa pasión por la música práctica y quien, por motivos de salud y quizá del destino, tuvo que dejar el oficio y fue remplazado como director de la banda por D. Alberto Alonso quien, a pesar de su carácter tan temperamental, supo guiarnos y hacer de la banda una formación a la altura de otras bandas de la provincia. Esta banda, con sendos directores, fue la que introdujo el gusanillo musical práctico en mí, son el Génesis de mi “yo musical” sin el que nunca habría llegado a estudiar este magnífico y mal amante que es la música.

De la banda de Cornetas y Tambores “Nuestra Señora de la Esperanza” aprendí el valor de la humildad. Muchos no lo saben pero, si accedí a formar parte de esta formación ligada a las bandas procesionales de Semana Santa con carácter andaluz, es por sus ganas de superarse día a día, con lo mínimo posible; de hecho, cuando contactaron conmigo tenía claro que diría que no (pues no me gusta este tipo de música tan estridente, ni su estricto carácter) pero cuando me contaron lo que aún era un proyecto que yo imaginé imposible pensé “quiero ver si son capaces de lograr lo imposible”, ¡Y vaya si lo fueron!, casi sin medios lograron crear una banda de 50 músicos (algunos con formación musical y otros autodidactas) y salir en procesiones a lo largo y ancho de la Comunidad...¡en sólo 9 meses! Impensable para mí, y eso aprendí de ellos, la humildad y la autodeterminación y confianza que me permitieron ilusionarme con proyecto propio elaborado con compañeros del hoy Septeto “Drum & Brass”.

El Septeto Drum & Brass surgió como un “y por qué” de esos que te planteas en la vida y debes determinar si hacerlo o no. La idea la tomamos de un concierto improvisado y loco: mi profesora de italiano me propuso reunir unos amigos y hacer una concierto en el colegio “Federico García Lorca” de Valladolid, yo tuve que decir que sí y, una semana después sin haberlo si quiera planeado, estaba con los unos compañeros explicando nuestros instrumentos a unos niños e interpretando piezas musicales en conjunto pero sin preparación (y sin preparación me refiero a no tener ni siquiera idea de las partituras que íbamos a tocar). Alejandro Bazán, trombón que me acompañó ese día, dijo: “¿y por qué no formar un grupo y dedicarnos a esto, a transmitir y disfrutar compartiendo lo poco que tenemos y sabemos hacer?”... se forma un cuarteto que pasa a ser quinteto y luego septeto, comienza con el nombre de Metallovento (en honor a mi profesora de italiano sin la que nunca podríamos habernos juntado) y se convirtió en lo que hoy somos. De este septeto me llevo la fortaleza, el riesgo y la satisfacción de saber qué puedo hacerlo, que yo también puedo dedicarme de forma autónoma a este mundillo musical.

Quizá mi concepto de “pocas palabras” haya excedido el número, pero era lo imprescriptible que podía decir de ellos que, en definitiva, soy yo.


M. D.- El mundo de la música y la cultura en general está siendo muy tocado por la crisis, ¿cómo está el tema para moveros en directo presentaros al público?

A. M.- Pues supongo que esta pregunta va dirigida al septeto. La cosa está jodida, tal cual, pero creo que no es culpa exclusiva de la crisis, sino de la ignorancia y de un sistema que ha asentado tópicos preconcebidos (o como dice una profesora de la facultad, “presaberes”). La gente se cree que hacemos, la mal denominada, “música clásica”, ¡nosotros qué interpretamos incluso piezas de Imagine Dragons!, pero claro, cómo se lo vas a mostrar a un público que no asiste a los conciertos porque cree saber lo que va a escuchar.

Lo que hacemos es tratar de sorprender y jugar con el público; permíteme poner un ejemplo de una figura musical como es Bach: este compositor nos ha dejado una imagen de músico serio, religioso y cuya música es esencialmente sacra pero, una vez más, hemos creado un tópico sobre su figura basado en la austeridad ¡cuando Bach fue un músico que llevo la música a la calle! Amigo del dueño de una cafetería, interpretaba piezas populares en las terrazas de la cafetería, transmitía la música del pueblo al pueblo. Creo que eso es exactamente lo que debemos hacer los músicos, quitar los tópicos que la historia ha creado y acercar al público la música de todo género y estilo. Lo que hacemos en el septeto, cuando no somos contratados por entidades o personas que reclaman un espectáculo concreto, es proponer nosotros los conciertos y la temática y hacerlo de la forma más amena, “reeducadora” y “destopificante” posible.


M. D.- Eres estudiante de tuba en el Conservatorio Profesional de Música de Valladolid, ¿os dan facilidades para mostrar bandas o acceder a conciertos, o se ciñe sólo a lo educativo?

A. M.- El Conservatorio es como una gran familia formada, en su mayoría, por primos lejanos y, como en toda familia, hay conflictos.  Es cierto que hay asignaturas como banda, música de cámara u orquesta que hacen que los músicos toquemos en conjunto pero, ¿dónde quedamos los de canto?¿dónde los de clave?

Quizá sin quererlo les inculcan a que tienen que ser Vivaldi, Paganini o Smetana; y digo “les” porque José Ayala (Pepe), mi profesor de tuba, nos enseña a sus alumnos a apreciar lo que hacemos por gusto y no por demostrar que somos los mejores o a inculcarnos en este sistema competitivo. De ahí que no es que no nos den  facilidades para buscarnos la vida, es que el ego es muy grande (como cuando conoces al primo lejano y tratas de impresionarlo contando tus hazañas).


M. D.- Con el Septeto Drum & Brass proponéis un viaje a través de diferentes estilos de la historia de la música pero caracterizados por el peculiar punto de vista, y sobre todo sonoro, de la familia del viento metal y la percusión, ¿en qué consiste y cómo son vuestros directos?

A. M.- Creo que parte de esta pregunta la respondí antes, pero intentaré concertarla más. Con el septeto proponemos diferentes conciertos (históricos, didácticos, de cámara clásica, nupciales...); ese concierto temático “a través de la historia de la música” surgió para enseñar que, aunque invisibles a lo largo de la historia, nuestros instrumentos han estado siempre ahí ¡y pueden hacerlo como mínimo igual que un violín, un piano o una guitarra! Quizá sea con Berlioz, quizá con Wagner, cuando empezamos a cobrar cierto protagonismo autónomo (no nosotros, claro, sino los antepasados de nuestros instrumentos), pero queremos hacer ver que podían haberlo logrado mucho tiempo atrás (ya las chirimías y sacabuches eran los favoritos en el medievo, pero supongo que las cuerdas “pisaron fuerte”).

 


M. D.- En el septeto estáis preparando para la nueva temporada conciertos didácticos, en la actualidad una salida para los músicos de todos los ámbitos como hemos visto en el folk (Mayalde o Fetén Feten) o el pop-rock (Happening), ¿cómo sería vuestro formato?

A. M.- Interesante pregunta. Nosotros comenzamos con los conciertos didácticos en Valladolid (y fue una experiencia tan gratificante que nos llevó a formarnos oficialmente). En principio estos conciertos están pensados para grupos escolares y, gracias a un proyecto con una compañera del grado de Historia y Ciencias de la Música de la UVA, estamos meditando la posibilidad de ampliarlo para formación secundaria (aunque no descarto que lleguemos a hacerlo para un público mayor).

La planificación elaborada hasta el momento es simple, mostrar en profundidad el mecanismo y piezas de nuestros instrumentos y tocar pequeñas piezas individualmente y en conjunto para explicar algunas nociones históricas, eso sí, siempre con un toque de humor que me hace dudar de quién se divierte más, ¿los niños o nosotros?


M.D.- La música clásica, considerada por ciertos sectores como culta, es de difícil acceso para el público en general, ¿cómo crees que sería posible acercar vuestra música alejado de estas músicas?

A. M.- Voy a intentar resumir todo lo posible ya que esta pregunta es de difícil resolución. Lo primero sería definir qué es la “música clásica”, verás: para cualquiera que tenga nociones de historia -las mínimas- está clarísimo, se trata de un período concreto (en el arte estático estaríamos hablando de Grecia y Roma y, en la música, como apenas se conservan un par de piezas de ese período grecolatino, reinventaron sus cánones armónicos y estilísticos entre los denominados “barroco” y “romanticismo” con compositores como Mozart, Haydn o incluso Beethoven), y por tanto, todo lo que se encuentre fuera de aquí NO ES MÚSICA CLÁSICA, cosas de la antonomasia. Para evitar el silogismo que aplica todo como música clásica, se optó por definirlo como “música culta” (un eufemismo horroroso, la verdad). Yo no creo que se pueda definir un estilo a partir de un año concreto, como ya lo explica Karl Dalhaus, o sea, ¿qué con la muerte de Bach comienza el clasicismo?¿es que los elementos que lo definen no existían antes y se mantuvieron incluso con la llegada del romanticismo?... en fin, basta con escuchar la época final de Mozart para escuchar a un “romántico” o la inicial de Beethoven para escuchar a un “clásico”.

El segundo paso es definir qué entiende la mayoría como “música clásica”, lo que me lleva a una conversación telefónica reciente en la que me respondieron simplemente que “es todo aquello tocado por orquesta y, que por ello, no me gusta... ya está”, ¿¡Ya está?!¡ ¿En serio!? Yo le pregunté que si considera las bandas sonoras de ciertas películas como “música clásica”, la música interpretada en musicales o de bandas como Queen que han orquestado sus temas; como imaginas, la respuesta fue “no” ¡ y no sabía el porqué!, pero tenía una cosa clara, no lo era. ¿Entonces, qué es para ti la música clásica? Este tema me gusta mucho para discutir con la gente, simplemente para saber por dónde saldrán. Los posmodernistas somos muy de tocar las... ¿por dónde iba?

La mal denominada “música clásica” no es elitista, la música no tiene, usando términos de Schopenhauer, voluntad de decidir quién la escucha, su fin es ser escuchada -sin más-; somos nosotros quienes decidimos qué música deben escuchar  las personas (es curioso, yo aún sigo esperando que “Los 40 Principales” incluyan en sus listas algún tema que yo haya escuchado anteriormente, nunca entenderé cómo una canción puede ser la número uno -o sea, la más escuchada-, cuando nunca antes la había oído; qué paradoja tan maravillosa que me permite escoger qué escuchar entre un número limitado de canciones). Además, la “música clásica” convive con nosotros mucho, mucho más de lo que pensamos, cuando escuchamos “It´s a Hard Life” de Queen  estamos escuchando el aria “Recitar!... Vesti la giubba” de la ópera Pagliacci de LeonCavallo o, lo que me llamo mucho la atención por la aporía que se forma, escuchamos el (creo recordar) primer movimiento del famoso “Réquiem en re menor K626” de Mozart en un anuncio de McDonals,  ¡quién no se sabe el famoso aria “La Donna è mobile” del Rigoletto de Verd! Está ahí, convivimos con esta música día a día, nos definen incluso más que lo que escuchamos voluntariamente porque, al ser escuchadas por todos no nos definen sólo como individuos, sino como sociedad (y baste como ejemplo final la famosa “coral” de Beethoven, último movimiento de su Novena que se ha convertido en el himno de la humanidad).

 


M. D.- Las tres bandas en las que militas están hermandas (...), ¿qué tienen en común?

A. M.- Yo diría que sólo una o quizá dos cosas: los miembros (algunos estamos en dos o las tres de las formaciones) y un pasodoble que compartimos el septeto y la Banda de La Cistérniga.

 
M. D.- ¿Qué proyectos de futuro tienes en mente?

A. M.- Yo personalmente no lo sé del todo, simplemente calculo posibilidades y decido sobre la marcha. Este año entraré, si todo sigue según lo planeado, como alumno de canto en el conservatorio (sin dejar el estudio de tuba); por otro lado seguiré con los estudios en la Universidad y como Representante del Alumnado en el Consejo Escolar del Conservatorio para tratar de ayudar en todo lo que sea posible a mis compañeros. Siempre que me necesitan en otras formaciones de las que no soy miembro suelo écharles una mano (si no me la echan a mí). Con el septeto estamos cerrando tratos con algunas ferias y fiestas, conciertos didácticos... Yo prefiero dejar que el tiempo me allane el camino que yo voy ideando.

M. D.- El tema musical en La Cistérniga está bastante flojo, ya que no hay casi conciertos ni eventos musicales, ¿cómo ves tú el apartado de la música local?

A. M.- En gran parte esto depende del público y las administraciones locales. Si el público objetivo nos falla y las administraciones locales no colaboran... Hemos ofrecido conciertos didácticos con el Septeto en los dos colegios municipales y aún no tenemos noticias de ellos (yo estudié toda mi formación primaria en el Félix Cuadrado Lomas y tenía la esperanza de que éste, al menos, contase con nosotros) mientras que en Valladolid y provincia sí que estén contando con nosotros. Por otro lado, del Ayuntamiento y de la Parroquia no tengo queja (esta última nos ha ofrecido un concierto anual en la iglesia con motivo navideño).

La banda municipal siempre está ahí, yo diría que incluso demasiadas veces (en mi opinión tenemos que volar y dejar el nido de una vez por todas como hacen otras bandas de la provincia -ofrecer el mínimo número de conciertos en el municipio, que ya nos tenemos muy vistos-). Cada vez hay más público que asiste a los conciertos de la banda y cada vez tratamos de innovar pero, si el auditorio se sigue llenando para ver el fútbol y se vacía para los conciertos de la banda... ¡Y quien aún diga que la banda toca música clásica después de haberme tenido que disfrazar de Raphael para divertir al público es que no ha visto a la banda en su vida!


  M. D.- Cuándo tendremos ocasión de verte tocar con alguna de tus bandas en “La Cirria”?

A. M.- Pufff, eso nunca se sabe a ciencia cierta. Con la banda municipal seguro (creo que el primer concierto es en Sta. Cecilia el 22 de noviembre) y con el Septeto en Navidad. No obstante durante este verano tuve la puerta de mi casa abierta mientras ensayaba (el calor cansa mucho mientras tocas) y más de uno se quedó mirando y escuchando el piano y diré algo, mientras pueda, siempre estará abierta para aquél que quiera escuchar o quiera unirse, el mundo de la música es maravilloso y, parafraseando a Ramón Gener, “la música compartida es mejor porque no sólo la disfruta el intérprete, sino él y cada ser del público”. De este tema debo decir algo que, a priori, puede resultar paradójico; todos mis estudios van encaminados a la música y, hasta que no nos quitemos el velo de que “la música no es un trabajo” seguiremos siendo los apestados del mundo europeo. La música es una forma de vida en todos los sentidos de la palabra, es oficio y es beneficio, yo estoy más de 8 horas diarias dedicado a ella de una forma u otra y créeme, nunca jamás se sabe demasiado (cuanto más aprendes, más dudas se abren). Ningún oficio es digno de desprecio, ya me gustaría ver a muchos trabajando de aquello de lo que se bufan.

 

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