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Historia oculta de La Cistérniga

Diez pequeños relatos de esas historias extrañas de nuestro pueblo

(Abel Mostaza Prieto)


INDICE

    1. El Cristo «de los trabajos» y las compañías de Cervantes
    2. Un Camino Subterráneo
    3. La Secta del Páramo
    4. Las Tres Brujas de la Casa del Guarda
    5. El huésped inhóspito
    6. El OVNI que vino a la fiesta
    7. El Vigilante de la ermita
    8. El Duende de Cuesta Redonda
    9. La Casa de los Ruidos en las viejas escuelas
    10. La “misteriosa” desaparición del Retablo Mayor
    Referencias complementarias

     

    Introducción

    Los dragones existieron, eso lo digo con conocimiento histórico. Otra cosa es “qué” eran eso que nuestros antepasados llamaban dragones. Un juego mental: somos labradores del siglo XII. Desde antaño, por las rutas que conectan con oriente, nos llegan historias de seres gigantescos llamados “dragones”, ¡es más!, nuestra religión cristiana dice que hubo santos y santas que se enfrentaron con estas bestias. De repente, labrando, desenterramos un esqueleto enorme. ¿Qué es? Pues como labradores medievales no hemos oído hablar de dinosaurios, pero sí hemos oído de esos dragones. ¿Hay alguna duda de lo que hemos encontrado?

    Muchos compañeros y amigos historiadores están en contra de estas leyendas pero, a mi parecer, son historias que nos hablan de nosotros mismos, de nuestros ancestros y sus explicaciones para un mundo incomprensible donde la fenomenología no cuadra con la racionalidad del momento. En definitiva, es nuestra historia del mismo modo que lo son los mitos y los dioses griegos, la fortuna romana o la Leyenda Dorada del Cristianismo. De hecho, ¿cuántos acontecimientos históricos de nuestro país tienen una relación directa con el misterio? La Virgen del Pilar (Zaragoza), La estrella y virgen de la Villa de Olmedo, Los “Fantasmas” de las Clarisas de Valladolid, las luminarias que señalan la tumba de Santiago, el topo de la Catedral de León… En definitiva, la historia son hechos que las sociedades interpretan. Saber los hechos es historia, pero saber el pensamiento de las culturas detrás de esos hechos es también historia (y filosofía, y antropología, y etnología…).

    Dicen que la noche de San Juan es una de esas noches mágicas del año. Es en noches como ésta cuando las leyendas sacan a la calle a la Santa Compaña, a la Huestia, a las brujas, a las hadas y a los duendes… es en noches como ésta cuando todos esos seres deciden abandonar el mundo férico del mito y contactan con nuestra realidad. Y es que ahora que está de moda eso del misterio (programas de televisión, revistas, rutas, etc.), quizá sea el momento de subirnos al carro y contar alguno de los sucesos de este tipo que nuestro pueblo posee, no porque sean dignos de mofa o de respeto, falsos o ciertos, sino porque, como dice Atienza:

    “Nuestro conocimiento integral no debe basarse en modo alguno en la capacidad de respuesta de los investigadores ante las incógnitas que plantea el mundo que nos envuelve. Muy al contrario, tendrían que asentarse en la humildad de saber plantearse las preguntas que nos formulan esas mismas circunstancias y que, al menos en la actualidad, suelen ser gratuitamente rechazadas y metidas en el saco sin fondo de lo imposible, de lo que llamamos absurdo”.

    ¿Pero tenemos en La Cistérniga eventos similares? Pues, como todo lugar  con rancio abolengo, en nuestro pueblo también pueblan las historias de luces extrañas y de casas encantadas, de fantasmas incómodos y de brujas malvadas, de demonios en caminos y de sectas en veredas.

    Finalmente quiero apuntar que la mayoría de estas historias no cuentan con fuente escrita. De nada servirá acudir a periódicos o hemerotecas pues, como característica de la tradición, son relatos orales que han llegado hasta mí y que yo ahora recopilo aquí para darlos a conocer. Algunas de las historias me las han contado de cerca, otras han pasado de boca en boca hasta llegar a mí y las menos son fruto del confinamiento del año anterior, pues utilicé mi Instagram (elcaminante_y_su_sombra), dedicado a la difusión de la Historia del Arte y de la Historia, para contar Historias de Valladolid. Ahí di a conocer algunos fenómenos como “El OVNI de Valladolid” o “El Fantasma de la Casa de Cervantes” y es cuando algunos amigos de La Cistérniga me hicieron llegar algunas historias relacionadas con mi pueblo. Sea como fuere, yo no entraré a valorar si son ciertas o falsas, simplemente contaré algunas de estas para que no caigan en el olvido.

    Como el escrito nace sin el consentimiento de relatores ni testigos, he decidido no añadir ninguno de los nombres que aparecen en estas historias que he grabado en mi memoria o en mi tablet. Eso sí, invito a que si alguno de ellos lo lee y quiere desvelar su identidad, estaremos todos encantados de saber quién se lo contó a él y de dónde viene ese relato. Y tú… ¿Puedes corroborar alguna de estas historias? ¿Conoces tú alguna  otra que no haya contado aquí?

    1. El Cristo «de los trabajos» y las compañías de Cervantes


    Cristo de los Trabajos. Convicencia con los Pavonianos en San Juan de Dios (Laguna de Duero), durante esta convivencia visitamos la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción donde vimos al Cristo de los trabajos que protagoniza esta historia.
    Tomado de https://pavonianos.es/noticias/1645/convivencia-en-san-juan-de-dios.php

    Esta es una de las leyendas más conocidas por todos los vecinos del municipio. Cuenta la leyenda que el famoso Cristo de los Trabajos, talla en madera policromada de Gregorio Fernández que hoy en día se encuentra en Laguna de Duero y procesiona con la Cofradía de las Siete Palabras de Valladolid, estuvo en su día en nuestro pueblo. Bueno, eso le daría cierta alcurnia a nuestro municipio pero, como somos tan cachondos, contamos eso de que no es que estuviera en la iglesia, ¡qué va! Según una versión del relato, el Cristo se encontraba en una taberna, según otra, ésta además de taberna era una casa de señoritas de compañía.

    Quizá lo más increíble de la historia sea precisamente lo que sabemos que era cierto, un elemento que se daba en la sociedad española hasta bien entrado el s. XIX era la vinculación de elementos cristianos con los carnales: la Iglesia Católica era dueña de una gran cantidad de prostíbulos donde las monjas ejercían de Madame. ¡No como incitación al fornicio ni al pecado carnal! Sino como una forma de garantizar que aquellas muchachas no ejercieran el “oficio más antiguo del mundo” en la calle y sin ninguna seguridad. La compasión justifica los medios.

    Volviendo a nuestro relato, éste sitúa al crucificado en la entrada porque así, quien entrase con la intención de desfogarse, vería el Cristo en el vestíbulo y volvería a su casa desfogado -pero no con el método que quería-. ¡¡Y es que con la Iglesia hemos topado!! Conviene recordar, además, que el cristianismo y su moral entraba por la puerta y salían por la ventana hasta no hace tanto tiempo. Cuenta la leyenda que el propio Cervantes acudía a menudo a nuestro pueblo para frecuentar una de estas tabernas que, sin Cristo o con él, sí debió de existir en lo que por aquel entonces no era más que un arrabal de Valladolid en el que pernoctaban aquellos que venían desde Madrid hacia la ciudad del Conde Ansúrez. Y claro, al pobre escritor del Quijote también le cayó el San Benito, las malas lenguas dicen que él se acercaba a nuestro pueblo para visitar a una de esas señoritas que tantos favores ejercían.

    De lo que no cabe duda es que, si esta historia es cierta, el crucificado se había ganado merecidamente eso de “Cristo de los trabajos”.

    2. Un Camino Subterráneo


    Torreón de Fuentes de Duero. Fotografía del Torreón de Fuentes de Duero donde supuestamente habría un tunel subterraneo.

    En el poblado de Fuentes del Duero observamos una pequeña torre que hacía las funciones de Atalaya donde podían controlar el pequeño poblado. Pues bien, cuenta la leyenda que desde ella discurre un viaducto subterráneo que nos conduce hasta Tudela de Duero o, según otras fuentes, hasta Herrera de Duero. Poblado medieval y túneles secretos es igual a imaginación desbocada: que si los túneles se crearon durante la época romana para huir al río (donde, según otra leyenda, quedan restos de un puente romano), que si se usó para conectar casas, que sí bodegas… Sea como fuere, cuando comenté esto con el profesor Jose Luis Alonso Ponga, él contestó que esto es un mito de muchos pueblos: todos ellos tienen su correspondiente subterráneo que une varios pueblos. A su parecer, se trata de una Leyenda Urbana sin fundamento histórico (principalmente por lo aquí dicho, es una torre de vigilancia y no la de un castillo).

    Curiosamente, esta misma leyenda viajó en el tiempo hasta el s. XX cuando, supuestamente, existían túneles que unían La Cistérniga con la famosa mina de Selenita (“El Polvorín”) y que se usaron para que los republicanos se refugiasen en los cerros. Esto es bastante improbable ya que precisamente el nombre de “El polvorín” deriva de que el Bando Nacional lo usó como almacén. A día de hoy todavía algunos vecinos aseguran que estos túneles existen y que además el terreno está poblado de minas antipersona; basta con ascender el sendero que nos lleva hasta él para ver que ni los túneles existen ni ningún material bélico estalla a nuestro paso.

    3. La Secta del Páramo


    Alpacas y camino donde vimos a estos hombres vestidos de blanco con antorchas.

    Esta es una de las pocas historias que doy régimen de veracidad precisamente porque me sucedió a mí. Durante el verano, por trabajo y calor, aprovecho las noches para salir a pasear junto con mi telescopio. Pues bien, en una de aquellas noches, hace ahora unos seis años,  salí a pasear hacia el Páramo con la intención de llegar a unas alpacas donde podía montar el telescopio y tumbarme a mirar el cielo. Lamentablemente tuve que parar el paso pues, en esas mismas alpacas y muy cerca de donde se encuentra una casa de pastor, vi que refulgían unas luces que iban unas detrás de otras con muy poca distancia entre sí. Pues bien, ante esta situación tuve que decidir si darme media vuelta o continuar “llegado hasta aquí, tira” -pensé-. Al estar a pocos metros de mi destino, de esas alpacas donde “eso” estaba, vi que esas luces eran unas antorchas portadas por un grupo de seis personas totalmente vestidas de blanco. No eran exactamente túnicas, eran prendas largas y holgadas, pero no túnicas. Pasé a su lado, les saludé y me devolvieron el saludo. ¿Tuve miedo? Bueno, esto es como lo de las dos bombas en el avión: tan raro era que ellos estuvieran haciendo eso como yo estar paseando solo en la noche. Si yo me asustaba, ellos también tenían motivos para asustarse.

    Pero la historia no acaba aquí. Ante tal extraño encuentro empecé a contárselo a mis amigos y algunos de estos se empeñaron en acompañarme algunas noches con la excusa de ver el cielo, pero no, por más que digan lo contrario yo estoy seguro de que lo que querían ver era a estos extraños personajes. Pues sí, en otra noche de verano y acompañado por dos de estos amigos nos los volvimos a encontrar en procesión por ese mismo camino. Uno de mis acompañantes tuvo miedo y regresamos por donde vinimos, pero ahí estaban y allí los vimos. Desde aquel día no me los he vuelto a encontrar.

    Aunque impactante, creo que esta historia hoy no debería resultarnos ajena. Este mismo año fuimos a ver el Dolmen de los Zumacales con la intención de fotografiarlo para ilustrar mis clases y, para nuestra sorpresa, nos encontramos con un grupo de seis mujeres cantando y bailando en el interior de los restos que se conservan de este dolmen. ¡Reconozco que me cabree bastante! Nos fuimos sin hacer las fotos porque ahí estuvieron durante la hora y media que estuvimos nosotros sin parar de cantar y bailar y sin respetar que éramos muchos los visitantes (yo fui con un amigo, el resto eran turistas que no conocíamos de nada: grupos de familias, de amigos, etc.).

    Para terminar, añado que le comenté a uno de los sacerdotes de nuestro pueblo el suceso de la “Secta de las alpacas”, este me dijo que un compañero suyo había recopilado más de doscientas sectas sólo en la provincia de Valladolid. Yo no sé quiénes eran ni qué hacían, lo de “secta” es un adjetivo que creo que se adapta a la idea común asociada a esta palabra. Quién sabe, quizá estaban haciendo una fiesta ibicenca o algo así… Raro, pero no más que la situación que de por sí es de película.

    4. Las Tres Brujas de la Casa del Guarda

    Nuestro pueblo, como tantos de los pueblos castellanos, ha estado vinculado principalmente con la agricultura y la ganadería. Mi abuelo, por ejemplo, se dedicó a esta segunda e iba repartiendo la leche por las casas del pueblo. Como él, había muchos más: hombres y mujeres cuya dedicación principal era eso que llamaban “hacer tratos”, es decir, vender y comprar ganado en las ferias (principalmente en las dos Medinas) para carne, leche y cría.

    Una de las rutas principales desde la Cistérniga a Medina del Campo transcurría a orillas del Duero y del Canal que le da nombre. Lógicamente ese trayecto se hacía en varias jornadas (de 3 a 5) y eso significaba que el ganado debía dormir al raso en las noches de verano y sotechado en las de invierno. Algunos de los principales lugares para pernoctar eran las casetas de pastores donde el ganado estaba seguro y protegido y el ganadero podía descansar. ¿Seguro y protegido? Pues parece que no tanto.

    Algunos de nuestros veteranos ganaderos sabrán bien lo que voy a relatar. En una de estas casetas, al caer la noche, aparecían tres luminarias que ahuyentaban al ganado. Lo peor no era eso, sino que incluso algunos de ellos aseguran que cuando les echaban la comida, veían cómo esta se consumía “como por arte de magia” ante sus propios ojos sin que el animal llegase a tocarlo. Lo peor de la historia no es esto, sino que uno de estos ganaderos le contó a mi abuelo que las tres luces llegaron a seguir durante la noche a cierta distancia tras de sí. ¿Qué eran esas luces? Nadie lo sabe pero, como era un suceso bastante habitual en el gremio de tratistas, se las empezó a denominar como “las tres brujas”.

    Antes de que mis abuelos acabaran con alzheimer yo les preguntaba una y otra vez dónde estaba esa casa del guardés, rebautizada desde entonces como “la casa de las brujas”; lamentablemente nunca me lo quisieron contar porque sospechaban que iría a ver si esto era cierto, así que ahora sólo me queda la espera de que uno de ustedes, mis lectores, me diga que conoce la historia y me ayude a situar esa “Casa de las brujas” y a sus tres inquilinas que, como dicen los gallegos, “las meigas no existen, pero haberlas, hailas”.

     

    5. El huésped inhóspito


    Casa de Pastor. Estos son los restos de una de las casas de pastores de nuestro municipio, muy cerquita de las alpacas donde vimos la supuesta secta

    Los hostales son lugares de descanso y de reposo que nos ofrecen alojamiento y en ocasiones alimento. Nuestro pueblo cuenta con un gran número de ellos porque ofrecen la cercanía de la ciudad pero sin el estruendo de ésta. En torno a un centenar de personas pernoctan en estos hostales por viajes de ocio o de trabajo a lo largo de la semana.

    En uno de estos hostales hay un huésped que no paga habitación y por lo que parece da bastante guerra: un fantasma que cambia las cosas de sitio, golpea algunas puertas e incluso se ha colado en alguna que otra fotografía de la instalación. Los dueños de este hostal lo conocen bien: le han visto recorriendo los pasillos y, como un habitual del servicio, le han dado incluso un nombre: Antonio.

    Eso sí, como parece que no es un huésped muy amable, prefieren no nombrarlo porque así “no les da guerra”. Por este motivo los dueños de este hostal me han pedido que no hablemos de él, que no lo popularicemos para que esto no se vuelva en su contra. Yo lo respeto de la misma manera que si alguno de vosotros sabe de qué alojamiento hablo, pido, por favor, que no lo difunda. ¡No queremos encontrarnos con Antonio al despertarnos en una noche oscura y tenebrosa!

    6. El OVNI que vino a la fiesta


    4. Recorte de El Norte de Castilla donde se cubre el suceso de uno de los OVNIs de Valladolid.
    Tomado de https://vallisoletvm.blogspot.com/2010/07/un-ovni-sobre-valladolid-el.html

    En primer lugar debemos aclarar que los OVNI existen, negarlo es ir en contra del pensamiento científico. Cosa bien distinta es qué es. Sí, es un Objeto Volante No Identificado, ¿pero cuál es su naturaleza? La costumbre es asociar un OVNI con un extraterrestre, pero no, un OVNI puede ser todo aquello que los radares aéreos no logran determinar, bien porque la nave no se ha identificado, bien porque se trata de un objeto estelar inerte (meteoro)... No debe extrañarnos que la mayoría de estos fenómenos tuviesen su auge durante la Guerra Fría, ¿cómo iban los soviéticos a identificarse en cielo estadounidense o viceversa?

    La provincia de Valladolid cuenta en su haber con cuatro de estos Objetos Volantes No Identificados: el primero el del 16 de septiembre de 1965, el segundo el 7 de diciembre de 1968, el tercero el 11 de enero de 1984 y el de nuestra historia, menos conocido, el del verano de 1975 (otros me han dicho que fue en el 1976).

    Corría una noche de verano de 1975, un grupo de jóvenes (chicos y chicas) estaban jugando en la calle al pilla-pilla cuando de repente un objeto de grandes dimensiones pasó por encima de sus cabezas con luces intermitentes de varios colores. Es entonces cuando todos corrieron a sus casas (no olvidemos que el año 75 fue un año turbulento y con bastante inestabilidad política). Era costumbre que en los pueblos las vecinas se sentasen en las puertas de las casas y es por eso que junto con aquellos chavales que llegaban corriendo, todo el pueblo presenció como aquel objeto se detuvo en el Cerro San Cristóbal. A la mañana siguiente, varios vecinos subieron al cerro, entre ellos este grupo de amigos cargados de valor; allí vieron que en el suelo había un cerco chamuscado de unos 7 metros de diámetro. Quizá no fuera un OVNI y fueran los soviéticos haciendo una barbacoa  (no, es broma, por si te lo preguntas).

    7. El Vigilante de la ermita


    El vigilante de la ermita. Imagen tomada desde el interior de la supuesta ermita a la altura del altar. En ella vemos la puerta de acceso a la misma desde la cual, según los testigos, se asomó una silueta.

    Aunque siendo estricto este territorio pertenece a Laguna de Duero, su cercanía con La Cistérniga es requisito suficiente para que sea incluido aquí. Si nos dirigimos por la vía de servicio que da a La Corala hasta los restos del Tubo Barrasa que aún se observan del momento en el que el Canal del Duero pasaba por encima de esta carretera, justo al lado de la A-601, encontraremos un pequeño túnel que evita el paso por la Autovía. Al atravesar este túnel, encontraremos una casa sin terminar donde son frecuentes los okupas.

    Un par de jóvenes de nuestro municipio me contaron que esta casa les daba “malas sensaciones”, que “parecía que les absorbía la energía”, así que en una noche de verano decidieron hacer allí varias ouijas. Me dijeron que al principio no pasó nada, pero que luego los dos escucharon pasos que subían las escaleras de la casa y recorrían los pasillos hacia donde ellos estaban. Después nada, es por eso que decidieron repetirla en una de las salas inferiores bastante extraña porque parecía una cochera desde la cual no había espacio suficiente para que entrase un coche por la puerta. Allí repitieron el macabro juego y de nuevo los pasos, eso sí, esta vez la cosa cambió: uno de ellos vio como en el quicio de esa puerta, precisamente, una silueta oscura les observaba. Cuando se lo dijo a su compañero, ambos cerraron la ouija y salieron despavoridos de allí.

    He tenido la ocasión de ir a esta casa y ver esos lugares. Lo más llamativo es que, efectivamente, la parte inferior donde realizaron la ouija debía de ser una capilla o una ermita y no una trasera: varios altares, una cristalera a modo de vidriera desvencijada... He intentado saber de quién era la casa o a quién pertenecían los terrenos, pero lo único que he logrado sonsacar es que pertenecían a una empresa dedicada a las gallinas de las tantas que hubo en esta tierra de pinares.

    8. El Duende de Cuesta Redonda

    En una ocasión unos amigos estaban paseando por el cerro conocido como Cuesta Redonda, ¡no subiendo a su pico, sino bordeándolo por un camino que lo circunda! Era por la tarde, pero el sol aún estaba alto y la visibilidad era muy buena. Estos dos amigos me contaron que en un punto concreto de su travesía decidieron sentarse para descansar y contemplar las vistas que hay de la Cerámica desde ahí. Mientras charlaban, surgió de entre los árboles una risa que me describieron como “la típica risa de las brujas de las películas”. Se levantaron y marcharon.

    La historia es breve, cierto, pero me llamó la atención por la cercanía a nuestro tiempo (hará como cinco años) y porque quienes me contaron esta historia son amigos de confianza. Esto no significa que sea verdad, si aplicamos la navaja de Ockham lo que escucharon fue, probablemente, algún pájaro que no tuvo otro momento para ulular. Esto mismo se lo comenté a ellos y me dijeron que no, que aquella era una risa y no un pájaro. A fin de cuentas es su verdad, fueron ellos quienes lo escucharon, ¿o fueron sus cabezas en una alucinación colectiva?

    9. La Casa de los Ruidos en las viejas escuelas


    Casa de los ruidos. Recorte de Google Maps con la ubicación de la casa

    La Calle escuelas recibe este nombre porque, fíjate tú qué cosas, en ella se encontraban las viejas escuelas de nuestro municipio no hace tanto tiempo (seguro que muchos habéis ido a ellas antes de que se construyese el Félix Cuadrado Lomas). De aquel tiempo sólo conservamos un edificio que era la escuela para chicas, escuela que hasta hace unos pocos años era la biblioteca municipal y hoy en día es uno de los dos Centros Juveniles. Detrás de estas escuelas encontrábamos un descampado y una serie de casas más pequeñas donde vivían los maestros y en una de estas casas es donde sucedía la siguiente historia.

    Hasta no hace tantos años, era habitual ver a las vecinas “echando la parlada” después de comer. No era raro ver cuadrillas de señoras sentadas en las polaltas o en sillas a las puertas de sus casas mientras hacían labores como coser, desenvainar los guisantes o pelar la pava  (en ocasiones en sentido metafórico). Así era la prensa y los vigilantes de la época, ¡ya podías haber hecho algo que ellas te cazaban! Ahora bien, también te daban la confianza de que si no estaban tus padres o abuela en el corrillo, cualquiera de sus casas tenía la puerta abierta para poder entrar a la cocina y hacerte un bocadillo. Así encontrábamos que las vecinas de las Calles Escuelas, San Cristóbal y Nueva se sentaban en la puerta de “La Carmen”, “La Tere”, “La Visi” o en la de “La Fidela”. Otros de estos corrillos se formaban en el Parque del Burro, en la Avda. Real o en la Calle Fragua (por citar algunos más).

    Esta historia me la cuenta una de aquellas testigos del “corrillo de la Calle San Cristóbal”. Un grupo de mujeres estaban cosiendo cuando llegó la testigo -por aquel entonces una niña de unos 12 años- con una amiga, ellas eran, por aquel entonces, un par de chiquillas. La madre de esa amiga les pidió a ambas que fuesen a su casa en la Calle Escuelas a por un útil para coser. La testigo de esta historia me cuenta que era la primera vez que entraba en aquella casa; una de esas casas molineras, con amplio pasillo oscuro y un gran patio con trasera. Ella recuerda especialmente la puerta de una habitación cerrada a candado a mano derecha desde la que salía un ruido “como de arrastrar de cadenas” (lit.) acompañada en ocasiones de un lamento. Cuando ambas chiquillas llegaron, la testigo le preguntó a la madre por los ruidos y ésta le dijo “nada, nada, no hagáis caso de eso”.

    Lógicamente la testigo quiso saber más, así que una vez que se alejaron suficientemente de estas vecinas, le preguntó a su amiga por aquella puerta y los ruidos. Ella le relató que por las noches se escuchan golpes que proceden de esa puerta, así como ruidos de cadenas y lamentos y que por eso nunca entran en esa habitación. Nuestra testigo relata que, en otra ocasión que se dirigía a casa de una amiga a coser, tuvo que pasar por delante de la Casa de los Ruidos y vio como desde la ventana una “mano flotante” le hacía ademán para que entrase en la casa. Lógicamente ella echó a correr.

    La historia quedó ahí hasta que, siendo ya mayor, aquel grupillo de vecinas que de niña no se atrevieron a contárselo le dijeron que aquella era la “Casa de la bruja” . Entonces le relataron que siempre se han escuchado ruidos en esa casa sin que hubiese nadie. Otra de estas vecinas que había vivido allí, ya viuda, le contó cómo “ella dejaba siempre las medias en un cajón. Cuando iba a por ellas, nunca estaban en ese cajón. Las buscaba y buscaba y no aparecían. Es entonces cuando el día después aparecieron encima de su cama con las perneras cruzadas”.

    Hoy la casa ha desaparecido. Ni las ventanas ni la trasera quedan. ¿Seguirán los ruidos o se habrán ido con el resto de la casa?

    10. La “misteriosa” desaparición del Retablo Mayor

    Y si empezamos con la iglesia, cerraremos con ella.

    Cualquiera que entre hoy a la Iglesia de La Cistérniga tendrá sentimientos encontrados. Por un lado puede que le llame la atención la acústica, puede que le llame la atención las imágenes, pero sin lugar a dudas, le parecerá extraño que detrás del altar se encuentre una pared prácticamente vacía (los patrones y un crucificado son las únicas figuras presentes).

    Pero esto no fue siempre así, hace unos 60 años esa misma pared sí lucía un retablo neoclásico hecho “a trazas” (compuesto por piezas de diferente procedencias o por restos anteriores de otros retablos), con dos cuerpos y una calle.

    En el banco existirían unos bajorrelieves de gran calidad que daban paso al cuerpo inferior donde se encontrarían las figuras de Santo Domingo (lado del evangelio) y San Francisco (lado de la epístola). En el cuerpo superior estaría el Crucificado que hoy podemos contemplar, custodiado por un San Ildefonso (l.d. evangelio), y otra figura que completase el conjunto del lado de la epístola (¿la virgen del Carmen quizá por tratarse de la patrona?). Finalmente, coronando el ático, existiría un Calvario custodiado a ambos lados por San Pedro (l.d. evangelio) y San Pablo (l.d. epístola).

    ¿Pero qué ha sido de todo aquello? Nada se sabe y, con nada, por muy raro que nos parezca, es nada: no hay datos de que se hubiese vendido, no hay ningún acta de alguna obra que se hiciese… nada. De repente, de un día para otro, el retablo desapareció (lógicamente no fue de un día para otro, pero los vecinos que lo recuerdan relatan que desconocen cómo fue ni cuánto tiempo llevó). ¿Qué sabemos, pues? Bien, en primer lugar conocemos el Crucificado porque aún se mantiene en su lugar y, según parece, gracias a la luz que entraba por el coro y por dos ventanas que habría en esa misma pared del presbiterio, hoy tapiadas, producirían un efecto luminoso que incidiría directamente en la cara del Cristo muerto produciendo el denominado “Milagro de la luz” que muchos de nuestros templos españoles preservan en sus diferentes dimensiones (Santa Marta de Tera, San Juan de Ortega, San Miguel de Celanova, etc.). Conservamos también el San Ildefonso, ¡que no es el que vemos en el presbiterio, sino el que está en la nave lateral, en la Capilla del Santo Cristo! Hace poco limpiaron el retablo de esa capilla y vieron que ese San Ildefonso estaba hueco por su espalda, muestra de que era una pieza no para procesionar, sino “de altar”. Por último, según se cuenta, en una de las capillas del evangelio de la Parroquia de San Andrés de Valladolid, coronando hoy otro retablo, encontraríamos el Calvario (aunque según uno de los párrocos, esto es improbable).

    ¿Pero cómo nadie se dió cuenta de aquella desaparición? ¿Cómo nadie protestó (algo que hoy nos parecería lo más normal del mundo)? En primer lugar no debemos caer en el presentismo, desde ahí, vamos a hacer un juego de imaginación y plantearemos dos hipótesis que más que ser contradictorias, son complementarias. La primera es que según el Concilio Vaticano II (1962-1965), los altares y retablos deberían estar cara al público. Cuando buscaron la forma de adaptarlo, vieron que nuestro retablo estaba en muy malas condiciones (carcoma, humedad, etc) y que la mejor solución era preservar las piezas de mayor valor y destruir el resto.

    Para nuestra segunda hipótesis, para mí la más probable, debemos viajar mentalmente a aquella España de mediados de los sesenta: aperturismo español, la separación de la juventud de la iglesia católica, últimos años del franquismo, Concilio Vaticano II… Seguramente aquel retablo estuviese en bastante mal estado (algo que ya he comentado) y muy probablemente nuestra iglesia necesitase dinero para arreglar, pongamos, el tejado. A falta de pan… ¡Adiós retablo! El sacerdote de aquel momento, Don Esteban Fernández Serrano (párroco de La Cistérniga entre los años 1956 y 1976) llegaría un buen día a misa y les diría a sus feligreses que hacía falta dinero para arreglar el tejado y, en esto poco hemos cambiado, cuando hay que poner dinero… Así que, por “no soltar la pela”, todos fueron muy conscientes de que lo mejor era deshacerse de aquel retablo para sacar dinero y mirar para otro lado. Si preguntan, ¡nadie lo vio! De aquella más que probable venta lo más valioso serían los bajorrelieves, hoy desaparecidos.

    ¿Y queda algún rastro de su disposición? Si hoy vamos a la Parroquia de San Ildefonso de nuestro pueblo (no a la iglesia), los párrocos nos enseñarán una de las pocas fotografías en blanco y negro que se conservan de aquél. Además uno de nuestros vecinos, Juan Talavera, hizo una pequeña maqueta de cómo lo recuerda él cuando tan solo era un niño. Todo lo demás son hipótesis que remarcan lo que ya sabemos: un retablo de considerables dimensiones casi sin dejar rastro.

    ¿Y tú? ¿Conoces alguna de estas historias? ¿Conoces alguna otra? ¿Puedes aportarnos más información? ¡No dejes de comentar!

    Referencias complementarias

    1. Alonso, Roberto. Valladolid Universal. Historias y leyendas de la ciudad que fue capital del mundo. Valladolid: Elefantus Books, 2015.
    2. Berzal de la Rosa, Enrique. Historia de La Cistérniga. Valladolid: Ayuntamiento de La Cistérniga, 2004.
    3. Berzal de la Rosa, Enrique et all. Historia de La Cistérniga de la Transición a nuestros días. Valladolid: Ayuntamiento de La Cistérniga, 2007.
    4. Burrieza Sánchez, Javier. Guía misteriosa de Valladolid. Valladolid: Maxtor, 2019.
    5. Callejo Cabo, Jesús. Misterios de la Edad Media. Madrid: Altair, 2011.
    6. Callejo Cabo, Jesús. Territorios talismán. Los guardianes invisibles de ciudades, lugares y objetos. Madrid: La esfera de los Libros, 2019.
    7. Callejo Cabo, Jesús y Javier Sierra. La España Extraña. Sant Llorent d'Hortons (Barcelona): Debolsillo, 2016.
    8. Cantó, Pablo. Los Expedientes OVNI cercanos a tu casa que Defensa ha publicado en su web. 25 de octubre de 2016. https://verne.elpais.com/verne/2016/10/25/articulo/1477394008_803441.html.
    9. Cistérniga Digital, La. La Cistérniga. Consultado el 22 de junio de 2021. https://lacisternigadigital.com/cisterniga/index.html.
    10. El Norte de Castilla. La Cistérniga: La evolución del antiguo arrabal de Valladolid. 24 de julio de 2020. https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/provincia/cisterniga-evolucion-antiguo-20200724082732-nt.html
    11. Montagut, Eduardo. Iglesia Católica y Prostitución en la Edad Moderna. 7 de agosto de 2015. https://nuevatribuna.publico.es/articulo/cultura---ocio/iglesia-catolica-y-prostitucion-espana-moderna/20150807121256118872.html.
    12. Vallisoletvm. Un O.V.N.I. sobre Valladolid. El avistamiento de 1965. 29 de  julio de 2010. https://vallisoletvm.blogspot.com/2010/07/un-ovni-sobre-valladolid-el.html

    En Castilla se recurre al término “Bruja” o “Duende” para explicar cualquier evento de índole extraño. No debemos pensar en una mujer con una berruga en la cara ni en un ser pequeño de color verde.

     

 

 

 

 

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